“Tierras taurinas” o la suerte de los “coquilla”


Hace poco más de una semana, el domingo 4 de julio, André Viard presentó en Las Ventas la edición española de su fenomenal revista Terres taurines, que hace ya el número 27 en su edición francesa. Y lo hizo poniendo sobre la mesa el tercer número de la edición española, dedicado a la rama de Santa Coloma (los dos primeros números los dedicó Viard, respectivamente, a los Veraguas y a Saltillo).

Tierras taurinas, como su hermana mayor francesa, es un gesto y un gusto. Un gesto porque nace de un intenso esfuerzo de investigación, de rigor y de coherencia: busca siempre las pruebas que permitan acercar al toro al lector, las raíces de la tauromaquia a la afición de uno y otro lado del Pirineo. Y un gusto: sólo con hojear la revista puede uno darse cuenta del buen hacer de fotógrafo del maestro Viard; la lectura no hace más que confirmar lo visto, argumento a argumento, anécdota a anécdota.

Para los coquilla, “picantes como guindillas o dulces como rosquillas”, Tierras taurinas es una suerte. De hecho la suerte fue el tema central de la mesa redonda con la que se presentó la revista en Madrid. En este caso no la suerte frente al toro sino la suerte del toro. Juan Fabrés, representante de la ganadería Herederos de D. Alfonso Sánchez-Fabrés, y Javier Sánchez-Arjona, propietario de Coquilla de Sánchez-Arjona, ganaderos protagonistas del primer número en español de la revista de Viard, debatieron junto al editor de Tierras taurinas sobre la suerte de encastes como el de los “coquilla”, que se ha visto marginados tanto por su comportamiento en la plaza, como por un fuerte desconocimiento por parte del público (sobre todo español, para ser honestos) y por el veto que de hecho le han puesto las figuras desde los ochenta para acá. Si a ello se le añade que su morfología no casa con el tipo de trapío que se pide en muchas plazas de cierta categoría, sin hacer justicia a las diferencias morfológicas que existen entre los encastes, el menú está servido: los “coquillas”, tan apreciados por las figuras de los sesenta, se han convertido en una variedad prácticamente exótica, tan desconocida como temida, uno de esos productos del bravo que pelean con el olvido y con la extinción por falta de aire y presencia en los carteles.

Aunque las ferias toristas del sur de Francia, “La Misericordia” de Zaragoza o la monumental madrileña den cierta esperanza a este tipo de encaste, no hay que negar que sólo hay una alternativa: o se cuidan, o se pierden. Y ésta es la realidad: si los “coquilla” no son fácilmente aceptados por los que se ponen delante por las dificultades que plantean a lo largo de la lidia, sólo pueden lidiarse si el público los pide y el empresario los pone en los carteles.

Los que amamos este encaste estamos convencidos de que la apuesta merece la pena. André Viard es, sin duda, uno de ellos. Y lo ha demostrado con este tercer número de la edición española, dedicado al encaste Santa Coloma y por eso también a los “coquilla”. El objetivo de los primeros números es claro: sacar a la luz, poner en conocimiento del aficionado las ramas que son minoría, los arrabales del llamado “monoencaste” que actualmente manda en los carteles de las grandes ferias. Este hecho es evidentemente resultado de la evolución de la tauromaquia en las últimas décadas. Pero sería una gran tristeza comprobar que se van extinguiendo encastes que no se demandan por desconocimiento. Con Tierras taurinas se pone un granito de arena para que esto no ocurra, apostando con calidad y rigor por lo diferente.

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